Las recientes decisiones de política monetaria del Bank of England y del Banco de México no tomaron por sorpresa a los mercados: en ambos casos, se aplicó un recorte de 25 puntos base a las tasas de referencia. En México, el ajuste dejó un sabor más matizado, pues la decisión no fue unánime; el subgobernador Jonathan Heath se inclinó por mantener la tasa sin cambios. Este voto disidente no es menor: refleja que, dentro de la Junta de Gobierno, existe cautela ante un ciclo de recortes demasiado acelerado. El mercado, sin embargo, ya descuenta que cerraremos 2025 en un rango de 7.50% a 7.25%.
En el frente cambiario, la semana estuvo marcada más por expectativas geopolíticas que por datos duros. La posibilidad —todavía especulativa— de un encuentro entre Donald Trump y Vladimir Putin para discutir un alto al fuego en Ucrania despertó apetito por riesgo. Esto impulsó al peso mexicano, llevando al dólar a coquetear con la zona de 18.50, aunque sin romperla; el mínimo quedó en 18.5190, el nivel más bajo del año. El mercado parece estar afinando la puntería para intentar ese quiebre con mayor convicción.
Esta semana, el catalizador principal será la inflación en EE UU, con estimaciones de 2.8% anual para la general y 3.0% para la subyacente. El jueves, el turno será para los precios al productor, un indicador que podría empezar a encender alertas en los próximos meses. Y es que, aunque los aranceles de Trump entraron en vigor apenas el 8 de agosto, todavía no han contaminado las cifras actuales; el verdadero impacto se verá más adelante.
Aquí es donde la narrativa política y la realidad económica empiezan a chocar. Según Goldman Sachs, solo el 14% del costo de los aranceles recaerá en los exportadores de origen, mientras que el 86% lo pagarán directamente las empresas y consumidores estadounidenses (64% y 22%, respectivamente). Traducido: la “recaudación excepcional” que promete la administración Trump no saldrá del bolsillo de los socios comerciales, sino del propio mercado interno de EE.UU.
El peso mexicano se mueve en un rango bien definido: 18.50 – 18.75, con extensiones a 18.35 por abajo y 18.90 por arriba. Técnicamente, el sesgo sigue siendo de prueba de soportes, pero con un ojo puesto en los datos de inflación de esta semana; cualquier desviación significativa en EE.UU. podría darle al dólar la excusa que necesita para rebotar.


