Frederic Mishkin es uno de los economistas más reconocidos en la actualidad y una de sus líneas de investigación se enfoca en la comunicación que debe generar un banco central para mantener la confianza de los agentes económicos. Mishkin considera que la comunicación de un banco central debe ser clara para anclar las expectativas económicas y evitar choques inflacionarios innecesarios. Adicional a la claridad que debe mantener un banco central y sus integrantes, se debe añadir que la comunicación sea coherente en todo momento para alcanzar los objetivos de sus mandatos. En este sentido, nos enfocamos en el mandato único de Banco de México el cual es “mantener el poder adquisitivo de la moneda”, lo que se traduce en buscar estabilidad en los precios generales; es decir, atacar la inflación.
Lo anterior lo menciono porque la semana pasada se publicó un documento por parte de Moody´s el cual generó debate entre economistas y financieros; el subtítulo deja en claro la crítica al banco central en México: “El relajamiento prematuro ha erosionado la credibilidad en la política monetaria”. Y en la primera línea se puede leer: “Construir credibilidad cuesta mucho, perderla es sencillo”. En pocas palabras, se considera que el relajamiento monetario ha sido prematuro, porque no se ha logrado la convergencia hacía la meta de inflación (3% ±1%), y esto ha incidido en la pérdida de credibilidad. La crítica no es aislada y es que, uno de los miembros de la junta de gobierno ha insistido en que los recortes no son acordes con la trayectoria inflacionaria, en la última minuta de Banco de México se puede leer “una tasa real ex ante dentro de la zona neutral no es consistente con una inflación al alza y con las expectativas que divergen del pronóstico, con lo que se manda una señal equivocada”.
Esto último coincide con la crítica que un servidor ha hecho a Banco de México en los últimos meses, ¿por qué bajar la tasa de referencia al mismo tiempo que aumentan sus expectativas inflacionarias? Esta es la pregunta que muchos se hacen, por un lado, las expectativas inflacionarias reflejan un aplazamiento en la convergencia a la meta y, por otro lado, los propios datos no justifican las decisiones de Banxico; la inflación general mantuvo un promedio de 3.81% en 2025, si bien se encuentra dentro del rango de variabilidad, la desaceleración no es constante y se presentaron picos en que se regresó nuevamente por encima del 4.0%. Más preocupante es la trayectoria de la inflación subyacente (que en teoría es a la que debería de ponerse más atención), de septiembre de 2024 hasta abril de 2025 ésta se mantuvo por debajo del 4.0%, pero a partir de mayo 2025 se rebasó nuevamente el 4%, incluso la trayectoria ha sido al alza para el cierre de dicho año.
El efecto inflacionario es más evidente en el componente de mercancías y es que para el segundo semestre de 2024 las mercancías mantuvieron un crecimiento promedio de 2.85%, pero en el segundo semestre de 2025 el promedio pasó hasta el 4.17%. Esto último pudieran ser indicios de efectos de segundo orden. Todo lo anterior son señales de que la política monetaria en México no debería de relajarse al ritmo que hemos observado, incluso queda claro que la desaceleración en la inflación general de los últimos meses se explica principalmente por el componente no subyacente.
Hay algo que llama la atención de las minutas publicadas en los últimos meses y es que algunos miembros de la junta de gobierno han señalado la preocupación del débil crecimiento económico, por supuesto que es algo que preocupa a todos los economistas, pero no debería de ser uno de los justificantes para recortar la tasa; es decir, el mandato único de Banxico es controlar la inflación, no dinamizar la actividad económica a través de la tasa de interés. Esto es peligroso por que el mensaje que manda esto a los agentes económicos es que el organismo no se está enfocando en su mandato. Y con esto llegamos nuevamente a la importancia de la comunicación que debe mantener un banco central. A fin de cuentas, la credibilidad es el activo más importante que tiene cualquier banco central.


