En apenas ocho días, dos de las tres calificadoras más importantes del mundo dieron un golpe a México. Primero fue Standard & Poor’s, que cambió la perspectiva de la calificación soberana de nuestro país de estable a negativa, y una semana después Moody’s recortó la nota de Baa2 a Baa3, dejándola en el último escalón dentro del grado de inversión.
Este punto es relevante porque muchos fondos internacionales tienen restricciones para invertir en países que pierden el grado de inversión. Sin embargo, a pesar del deterioro en la percepción crediticia, no vimos un movimiento significativo en el tipo de cambio, lo que confirma que, por ahora, el mercado está más concentrado en los factores externos que en los riesgos locales.
El mercado parece estar enviando un mensaje claro: en este momento el riesgo soberano de México pasó temporalmente a segundo plano y el principal driver continúa siendo el entorno externo, particularmente la evolución del petróleo y el apetito por riesgo global.
En ese sentido, el tipo de cambio ha reaccionado principalmente a los reportes sobre un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Según versiones periodísticas, dicho acuerdo podría anunciarse en los próximos días e incluiría la reapertura del estrecho de Ormuz, la posibilidad de que Irán vuelva a vender petróleo y eventuales negociaciones sobre su programa nuclear.
De concretarse, el mercado lo interpretaría como una señal positiva para los precios del petróleo, ya que se reduciría el riesgo de interrupciones en el suministro global. Sin embargo, desde el punto de vista político, el resultado no necesariamente sería una victoria clara para Donald Trump, ya que Irán podría obtener concesiones relevantes, mientras que Estados Unidos buscaría principalmente contener el precio del crudo y reducir presiones inflacionarias.
Por otro lado, la Casa Blanca anunció medidas para poner restricciones a las remesas enviadas por inmigrantes que se encuentren de manera ilegal en Estados Unidos. Esto es particularmente importante para México, ya que en los últimos años las remesas han superado los 5,000 millones de dólares mensuales y más de 60,000 millones de dólares anuales, convirtiéndose en una de las principales fuentes de entrada de divisas al país.
También vale la pena señalar que el peso continúa encontrando soporte en el diferencial de tasas frente a Estados Unidos. Aunque Banxico ha iniciado un ciclo de relajación monetaria, el carry sigue siendo atractivo para inversionistas extranjeros, lo que ha ayudado a limitar movimientos más agresivos en la paridad pese al deterioro reciente en la percepción crediticia.
Para esta semana, el mercado estará atento al posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán, cuyos reportes ya han generado movimientos importantes en el petróleo. En materia económica, destacan los precios de casas usadas y la confianza del consumidor el martes; los datos privados de empleo el miércoles; el PCE, indicador clave para la Reserva Federal, junto con las órdenes de bienes duraderos el jueves; y finalmente el PMI de Chicago el viernes.
Con este entorno, esperamos que continúe la demanda por dólares en la zona de 17.15 a 17.20 pesos, que se mantiene como primer soporte relevante. Hacia arriba, la resistencia inmediata se ubica en 17.40. Los siguientes niveles a vigilar serían 17.00 como soporte psicológico y 17.55 como siguiente resistencia.
Más allá de los niveles técnicos, el mercado parece entrar en una etapa donde los titulares seguirán teniendo un peso considerable sobre los movimientos de corto plazo. La combinación entre geopolítica, petróleo y política monetaria podría mantener elevada la volatilidad y provocar cambios rápidos en la dirección del tipo de cambio.


