Reuters.- La inteligencia artificial está pasando de las pantallas al mundo físico de las fábricas, los almacenes y los hospitales, lo que genera oportunidades para las empresas que suministran el hardware que hay detrás de la próxima generación de máquinas autónomas.
UBS Wealth Management sostiene que el aprendizaje contextual está acelerando el cambio hacia la “IA física”. En lugar de depender de un largo ciclo de entrenamiento, los robots ahora pueden aprender nuevas tareas tras observar a un humano realizarlas tan solo unas pocas veces.
“Hemos entrado oficialmente en la era de la IA física”, afirma Ulrike Hoffmann-Burchardi, directora de inversiones (CIO) de UBS Wealth Management para América y directora global de renta variable. Para los inversores, según UBS, las oportunidades más atractivas podrían encontrarse en las empresas que suministran componentes críticos.
El banco destaca tres elementos clave de la cadena de suministro. En primer lugar, los engranajes de precisión y los actuadores que permiten a los robots moverse con exactitud, un mercado en el que la capacidad de fabricación se concentra en gran medida en unas pocas empresas especializadas a nivel mundial.
En segundo lugar, están los sensores, como el LiDAR y las cámaras, que ayudan a las máquinas a interpretar su entorno; las empresas que desarrollan «piel electrónica» y sensores ópticos de alta frecuencia se consideran especialmente bien posicionadas.
En tercer lugar, están los chips especializados, el hardware informático y las baterías necesarios para procesar la información y funcionar de manera eficiente.
“Creemos que las empresas que fabrican los engranajes que mueven a los robots humanoides, los sensores que les permiten ver y los chips que les permiten pensar cobrarán más valor con el tiempo”, afirma.


