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Foto: Catrioma Farrell / Unsplash.

IEPS a alimentos con sodio pone en riesgo el tráfico de las tiendas de barrio

Las tiendas de barrio advierten que un aumento al IEPS de alimentos con sodio podría reducir el tráfico de clientes y provocar caídas de entre 8% y 12% en sus ventas.
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Las tienditas y los pequeños comercios entran de nuevo a una fase de resistencia fiscal ante la posible alza en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a los alimentos no básicos elaborados con sodio y a las bebidas alcohólicas, que significa un revés en su desempeño, en medio de un consumo lento y un efecto acumulado de la actualización del mismo gravamen a refrescos y cigarros que se aplica desde el inicio de este año.

Para las tiendas de abarrotes, misceláneas y minisúpers, el impacto no se limitaría al precio de unas papas, un dulce o una galleta. Representantes del sector advierten que es posible que el aumento reduzca la frecuencia de visita de los consumidores.

Por ahora, el IEPS de 8% se aplica a alimentos no básicos con alta densidad calórica, entre ellos botanas, productos de confitería, chocolates, flanes, dulces, cremas de cacahuate y avellana, alimentos preparados a base de cereales, helados y paletas. Organizaciones como El Poder del Consumidor y Fundar piden elevar la tasa directamente a 20% como parte de la discusión rumbo al Paquete Económico 2027.

Para la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) el problema debe analizarse más allá de la discusión sobre salud pública o recaudación. Cuauhtémoc Rivera, presidente de la organización, advierte que estos productos funcionan como una puerta de entrada a la tienda y que grabarlos tendría un impacto negativo sobre las ventas derivado de por un menor volumen de venta en los productos gravados y menor tráfico, rotación y venta cruzada en el establecimiento.

“Cuando un impuesto incrementa significativamente su precio final, el consumidor no necesariamente sustituye esa compra dentro de la misma tienda; puede reducirla, espaciarla o simplemente dejar de hacerla. Y cuando cae el tráfico a la tienda, también se afectan otras categorías”, refiere Rivera.

Impuestos acechan al consumidor cauteloso

La preocupación del comercio tradicional ocurre en un momento en el que el consumidor ajusta sus hábitos de compra para estirar su presupuesto. Rivera asegura que las familias comparan más precios, priorizan productos indispensables y, en algunos casos, compran presentaciones más pequeñas para cuidar su gasto.

“No podemos analizar cada IEPS de manera aislada. Cuando se suman impuestos a bebidas, botanas y otros productos de alta rotación, lo que termina gravándose es el ticket completo de la tienda de barrio. El riesgo es recaudar más a costa de consumir menos y debilitar al pequeño comerciante”, dice Rivera.

La discusión fiscal llega después de que México actualizó para 2026 el IEPS a bebidas saborizadas y amplió su aplicación a productos con edulcorantes, mientras también se incrementó la carga tributaria al tabaco.

Ahora, la revisión para 2027 incluye la posibilidad de actualizar el gravamen de los alimentos con alta densidad calórica y ampliar la discusión hacia otros productos, como aquellos con altos contenidos de sodio.

El consumidor paga el impuesto

Gerardo Cleto López Becerra, presidente del Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño y la Empresa Familiar (ConComercio en Pequeño), considera que el principal efecto de esta política recae sobre el consumidor y los pequeños establecimientos que dependen de productos de alta rotación.

En la Ciudad deMéxico existen alrededor de 1.3 millones de establecimientos relacionados con abarrotes, misceláneas y minisúpers que atienden principalmente a sectores populares, de acuerdo con datos compartidos por el representante del pequeño comercio de la capital mexicana.

López Becerra asegura que los efectos de los aumentos previos al IEPS ya comienzan a observarse en el canal tradicional. Según su estimación, las tiendas pequeñas han registrado caídas de entre 8% y 12% en sus ventas debido a cambios en los hábitos de compra y a la migración del consumo hacia establecimientos de mayor tamaño.

“(Los consumidores) Ya no compran la bebida por unidad en la tienda de abarrotes, sino que buscan comprar por caja en estos establecimientos que pueden ofrecer promociones”, explica. El resultado, dice, es una migración del consumo desde la tienda de proximidad hacia formatos con mayor capacidad de negociación y compra.

Para un pequeño establecimiento, la caída puede ser significativa. López Becerra ejemplifica que una tienda con ventas diarias de alrededor de 8,000 pesos puede resentir una disminución de entre 600 y 800 pesos diarios.

Dentro de la discusión sobre impuestos saludables existe consenso en que la política pública no debería limitarse a encarecer determinados productos. La discusión considera propuestas para etiquetar la recaudación y destinarla a salud pública, acceso a alimentos saludables y agua potable.

“La salud pública no debe descansar únicamente en una política tributaria. La estrategia debe incorporar educación, información al consumidor, prevención, promoción de estilos de vida saludables y diálogo con la industria”, dice Rivera.