Reuters.- Los costos de financiación de los Estados eran el martes los más altos desde la crisis financiera de 2008, con los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años sobre el 5%, lo que aumenta la presión sobre emisores muy endeudados que, hasta ahora, se habían visto protegidos por un crecimiento económico resistente.
El rendimiento medio a 10 años de las siete mayores economías del mundo (G-7) alcanzó el 4,285%, un máximo desde mediados de 2008 y un punto porcentual sobre el punto en que se encontraba antes del inicio de la guerra en Oriente Medio.
La escalada del conflicto ha vuelto a encarecer el petróleo a más de 100 dólares el barril, lo que ha aumentado la presión sobre los bancos centrales para que suban las tasas de interés con el fin de combatir la inflación, que es una de las principales razones por las que han subido los rendimientos de los bonos.
Se espera que la Reserva Federal suba las tasas por primera vez desde 2023 este miércoles, según los mercados monetarios, mientras que se prevé que el Banco de Japón haga lo mismo el viernes. El Banco Central Europeo ya las subió la semana pasada y podría volver a hacerlo en los próximos meses.
La venta masiva de bonos ha elevado el costo de la nueva financiación para los Gobiernos, pero también les ha dejado con unos gastos por intereses más altos, que desvían fondos de los programas sociales, de defensa y de otro tipo, lo que a su vez plantea dudas sobre la sostenibilidad de su carga de deuda.
“Unos rendimientos del 5% no suponen un problema si el crecimiento es del 6,5%. Pero si el crecimiento es del 5% y los rendimientos están al 5%, la cosa podría ser muy diferente”, dijo Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier.
El hecho de que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años haya superado el 5% supone un quebradero de cabeza para los emisores soberanos y corporativos de todo el mundo, dado que constituye un punto de referencia para prácticamente cualquier otro activo de los mercados financieros.
Y aunque la economía estadounidense pueda estar creciendo lo suficientemente rápido como para soportar unas tasas de interés a 10 años por encima del 5%, otros países no están tan bien preparados para hacerlo.
Falta de visibilidad
El otro problema al que se enfrentan los inversores es la aversión del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, hacia las orientaciones prospectivas, lo que significa que la incertidumbre —y, por lo tanto, la volatilidad— está aumentando y los inversores se muestran menos dispuestos a dar a los responsables monetarios el beneficio de la duda.
“Todos los bancos centrales están siguiendo ahora esta nueva era sin orientación prospectiva, limitándose a reforzar la credibilidad y la confianza. Y, como se puede ver ahora en los mercados de bonos, eso no está funcionando en estos momentos”, dijo Shriya Samarth, directora de tasas de interés para EMEA de StoneX.
“Las inversiones en inteligencia artificial están poniendo palos en las ruedas. Existe inquietud fiscal. La deuda de Estados Unidos se sitúa ahora en 40 billones de dólares. Los ratios deuda/PIB, que alcanzan máximos históricos en el Reino Unido y la zona del euro, se suman a las complicaciones”, añadió.
El rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años alcanzó este martes un máximo del 5,041%, el más alto desde 2007, y los operadores esperaban las declaraciones del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, cuando comparezca ante el Congreso.
Las bolsas mundiales se han disparado este año, impulsadas por las acciones de las empresas constructoras, los proveedores y los clientes del auge de la inteligencia artificial, que ha supuesto una explosión del gasto de capital y del endeudamiento, pero también del crecimiento de las ganancias.
Es posible que el aumento de los rendimientos de los bonos no contrarreste estos catalizadores positivos para las acciones, pero, no obstante, supone un riesgo, según Khoon Goh, director de investigación para Asia de ANZ en Singapur. “Si los rendimientos siguen subiendo, es inevitable que haya más contagio”, dijo.
El Departamento del Tesoro de Bessent ha intervenido en los mercados de diversas formas en las últimas semanas para contener la subida de los rendimientos a largo plazo, desde una intervención conjunta para comprar yenes con el fin de disuadir al Gobierno japonés de vender bonos estadounidenses, hasta aumentar el volumen de títulos que recomprará, pero sin mucho éxito.
Según Goh, de ANZ, parte de la venta masiva de bonos de esta semana también se debió a un cambio en las expectativas respecto a las tasas de interés a corto plazo de Estados Unidos.
El rendimiento de los bonos japoneses a 10 años alcanzó su máximo en tres décadas, situándose sobre el 3%. En Alemania, el rendimiento de referencia a 10 años se situó cerca de su máximo desde 2009, en el 3,55%, mientras que los rendimientos franceses a 10 años rondaban un máximo de 18 años y los rendimientos británicos a 10 años, en el 5,45%, se sitúan en su nivel más alto desde 2007.
James Bilson, estratega global de renta fija de Schroders, dijo que la política fiscal y la sostenibilidad de la deuda son cruciales para los mercados de bonos y que la actual subida de los rendimientos estadounidenses aún no es un indicio de un aumento del riesgo crediticio soberano.
El costo de asegurar la deuda soberana estadounidense frente al riesgo de impago, tal y como reflejan las swaps de incumplimiento crediticio (CDS), ha caído a su nivel más bajo desde febrero, por ejemplo.
“El conjunto de políticas es demasiado laxo como para generar una inflación sostenida del 2%”, dijo. “Esto, en pocas palabras, es la causa fundamental de la actual debilidad de los bonos. Si se resuelve la inflación, muchos otros problemas también se resolverán con mucha más facilidad”.


