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Foto: Pixabay.

Prestaciones alimentarias, una alternativa para mejorar el bienestar de los trabajadores en México

Las familias mexicanas destinaron un promedio de 3,896 pesos trimestrales al consumo de alimentos y bebidas fuera de casa, equivalente a cerca de 1,299 pesos al mes.
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En México, casi una tercera parte de la población enfrenta dificultades para cubrir el costo de la canasta alimentaria con sus ingresos laborales. Durante el primer trimestre de 2026, el 30.7% de las personas se encontraba en situación de pobreza laboral, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Este escenario pone de relieve la importancia de revisar las condiciones que permiten a los trabajadores acceder a una alimentación adecuada durante su jornada.

La investigación Prestaciones alimentarias: Una forma de mejorar la vida, desarrollada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) bajo la responsabilidad del doctor Ricardo Alfredo Varela Juárez, examina la relación entre alimentación, compensación y bienestar en los centros de trabajo. El análisis plantea que las posibilidades de comer durante el horario laboral dependen de factores como el ingreso, el tiempo disponible y la ubicación de cada persona.

El gasto de los hogares permite dimensionar el peso de esta necesidad. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, las familias mexicanas destinaron un promedio de 3,896 pesos trimestrales al consumo de alimentos y bebidas fuera de casa, equivalente a cerca de 1,299 pesos al mes. Aunque el dato incluye consumos que no necesariamente corresponden al ámbito laboral, muestra cuánto puede representar esta actividad en el presupuesto familiar.

A ello se suma que, en 2024, el 14.4% de la población presentó carencia por acceso a una alimentación nutritiva y de calidad, de acuerdo con el INEGI. Este indicador refleja otra dimensión del problema y señala que disponer de recursos económicos no es el único factor que determina el acceso a una dieta adecuada.

Frente a estas condiciones, el estudio propone considerar alternativas según las características de cada organización. Mientras que los comedores corporativos pueden funcionar en centros de trabajo con instalaciones fijas, las pequeñas y medianas empresas, los equipos remotos y los empleados que se trasladan entre distintos puntos necesitan mecanismos más flexibles.

Entre las opciones se encuentran los vales de comida, definidos en la investigación como un “comedor portable”. Estos facilitan la compra de alimentos preparados para consumo inmediato en establecimientos participantes, como restaurantes y cafeterías, a diferencia de los vales de despensa, destinados a adquirir productos para el hogar.

El documento presenta como ejemplo una prestación de 3,000 pesos mensuales para una persona con un salario de 20,000 pesos, lo que equivale al 15% de su ingreso. Su utilidad, precisa el análisis, también depende de la disponibilidad de establecimientos cercanos, la regularidad de los depósitos y las condiciones de uso.

Finalmente, la investigación plantea evaluar la experiencia de los trabajadores y comparar indicadores antes y después de implementar estos apoyos, con el propósito de medir sus resultados y ajustar las prestaciones a las necesidades de cada organización.