Ben Sulayem afianza su liderazgo en la FIA

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La Federación Internacional del Automóvil (FIA) ha ratificado a Mohammed Ben Sulayem para un segundo mandato de cuatro años como presidente, en una jornada marcada por la ausencia de contendientes. El emiratí, de 64 años y con un notable pasado en el rally, fue el único nombre postulado durante la asamblea general anual celebrada en Taskent, Uzbekistán, confirmando una victoria por aclamación.

Esta reelección, aunque incuestionable en su resultado, se produce tras un proceso electoral que ha estado bajo un escrutinio legal considerable. El triunfo de Ben Sulayem se fundamenta, en parte, en la incapacidad de sus aspirantes, el estadounidense Tim Mayer y la franco-suiza Laura Villars, para cumplir con los estrictos requisitos estatutarios de la FIA.

Específicamente, el principal obstáculo para los rivales fue la dificultad para ensamblar la preceptiva lista de 29 vicepresidentes antes del plazo fijado el 24 de octubre. Mayer había retirado su candidatura previamente, citando las propias normativas de la FIA como barreras infranqueables. Por su parte, Villars llevó el proceso a los tribunales de París, buscando una suspensión electoral; aunque el tribunal permitió que la votación siguiera su curso, su equipo legal ha avanzado que la validez del resultado está sujeta a una revisión legal posterior programada para febrero.

La estructura interna de la FIA exige una representación equilibrada de todas las regiones globales en la lista de candidatos a la vicepresidencia. En este marco, solo la lista de Ben Sulayem logró incluir a la única candidata sudamericana, la brasileña Fabiana Ecclestone, cuyo lazo familiar con el antiguo jerarca de la Fórmula 1 añade un matiz adicional a la composición del equipo dirigente.

La FIA ha defendido la integridad del proceso, calificándolo de “sólido y transparente”, y como un reflejo de los “fundamentos democráticos” de la federación. No obstante, la polémica en torno a los requisitos de postulación y el desafío legal pendiente subrayan una tensa consolidación del poder bajo Ben Sulayem, quien ahora deberá gobernar en un contexto donde su liderazgo ha sido tanto ratificado por los miembros como cuestionado por posibles disidentes.