El banco central de México, Banco de México (Banxico), se encamina a aplicar un recorte de 25 puntos base en su tasa de interés, para ubicarla en 6.75%, en una decisión que, aunque esperada, se desarrolla en un entorno internacional más complejo tras recientes tensiones geopolíticas en Medio Oriente, de acuerdo con una proyección de J.P. Morgan.
Según la compañía, de acuerdo con la orientación previa de su Junta de Gobierno, la pausa en el ciclo de recortes observada en febrero sería de corta duración, impulsada por factores temporales como efectos fiscales, la fortaleza del tipo de cambio y riesgos a la baja en el crecimiento económico. Sin embargo, los acontecimientos recientes en los mercados globales han introducido nuevos elementos de incertidumbre de cara a la decisión de marzo.
Si bien se mantiene la expectativa de un recorte inmediato, el panorama posterior luce más incierto. La trayectoria de la política monetaria dependerá de la persistencia de choques inflacionarios, el desempeño de la economía, las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos y, en menor medida, de las condiciones de las finanzas públicas.
A pesar de la volatilidad global, la economía mexicana ha mostrado resiliencia. El peso se ha depreciado 2.6% frente al dólar desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, aunque todavía mantiene una apreciación de 1% en lo que va del año. Este comportamiento contrasta con episodios previos, como el choque petrolero de 2022, que generó mayores presiones cambiarias, o las tensiones comerciales de 2025, durante las cuales el banco central continuó con recortes hasta llevar la tasa a 7%.
No obstante, los riesgos al alza para la inflación siguen presentes. J.P. Morgan anticipa que el índice general cierre el año en 4.3%, influido por un repunte en los precios de alimentos, posibles disrupciones en las cadenas de suministro y un precio promedio de la mezcla mexicana de petróleo cercano a 90 dólares por barril en 2026. Aun así, la estabilidad relativa del tipo de cambio y el anclaje de expectativas inflacionarias podrían permitir el ajuste de tasas en el corto plazo.
El debate dentro del banco central también considera el margen de maniobra restante. Tras acumular recortes por 425 puntos base en los últimos años, la tasa se encuentra ya en un rango considerado neutral. Aunque algunos anticipan posibles alzas futuras, persisten riesgos de desaceleración económica, incluyendo una posible contracción en el primer trimestre de 2026 y un crecimiento potencial limitado a 1.5%.
En este contexto, se prevé que el recorte sea acompañado de una postura restrictiva y posiblemente no unánime. Incluso si se materializa una pausa prolongada, la autoridad monetaria aún tendría espacio para continuar con ajustes, en función de la evolución de los riesgos globales y domésticos.


