La narrativa de confrontación entre banca tradicional y fintech en América Latina ha quedado atrás para dar paso a un nuevo paradigma basado en integración y colaboración, afirmó Martín Espinel, director Comercial de Auriga Latam.
De acuerdo con el directivo, el más reciente Reporte de Inclusión Financiera de la Federación Latinoamericana de Bancos plantea la necesidad de abandonar el enfoque de competencia directa y adoptar una visión estructural centrada en tres ejes: convergencia, integración y ecosistema.
Espinel destacó que entre 2019 y 2024, los ingresos del mercado de pagos en la región crecieron 15.5%, lo que refleja que el sector no se está contrayendo ni fragmentando, sino expandiendo. En este contexto, la relación entre bancos y fintech ha evolucionado hacia un esquema de complementariedad.
“Las fintech no están reemplazando a los bancos; en muchos casos están integrándose a su infraestructura. Y los bancos, lejos de resistirse, evolucionan hacia modelos más tecnológicos”, explicó.
El especialista subrayó que la discusión actual ya no gira en torno a qué actor desplazará al otro, sino a cuál logrará integrarse mejor en este nuevo ecosistema. En este proceso, países como Brasil, Argentina y Paraguay han avanzado mediante la adopción de tecnologías digitales y el uso de APIs, que permiten conectar sistemas y facilitar la interoperabilidad entre plataformas.
Este cambio ha dado paso a modelos como las finanzas embebidas, donde los servicios financieros se integran dentro de aplicaciones no bancarias, sin que el usuario tenga que salir del entorno digital que utiliza. Así, la banca se convierte en infraestructura, mientras que las fintech aportan capas de experiencia y usabilidad.
No obstante, Espinel advirtió que uno de los principales retos sigue siendo la inclusión financiera real. “No se trata solo de abrir cuentas, sino de que las personas las utilicen”, señaló. En este sentido, factores como interfaces complejas, procesos largos o errores en la digitación pueden convertirse en barreras, especialmente en contextos con conectividad limitada y baja confianza en el sistema financiero.
Por ello, soluciones como el uso de alias para transferencias o sistemas de pago interoperables adquieren relevancia estratégica al reducir fricciones y facilitar la adopción.
El directivo también cuestionó la idea de que el efectivo desaparecerá en el corto plazo, al señalar que América Latina avanza hacia un modelo híbrido donde conviven canales físicos y digitales.
En este escenario, la transformación financiera en la región no implica la sustitución de actores, sino la construcción de un sistema más complejo, donde el valor radica en la capacidad de integrar y conectar las distintas piezas del ecosistema.


