El sector minero en América Latina atraviesa un momento decisivo marcado por dos retos simultáneos: reforzar la protección de sus operaciones ante eventos naturales cada vez más frecuentes y responder a las crecientes demandas de sostenibilidad y transición energética. Así lo señala Ricardo Razuri, líder de Minería y Energía para Latinoamérica en WTW, quien advierte que estos factores están redefiniendo el panorama asegurador en la región.
Según Razuri, el mercado de seguros por daños materiales e interrupción de negocios (PDBI, por sus siglas en inglés) ha mostrado un “ablandamiento” en los últimos 12 meses. Esta tendencia global también se refleja en América Latina, donde la minería continúa siendo un motor económico fundamental y un polo de atracción para la inversión extranjera. Este contexto ha generado condiciones más favorables para el aseguramiento de proyectos y operaciones.
El más reciente Informe de Riesgos en Minería 2025 – Latinoamérica de WTW destaca que, debido a la volatilidad histórica de las pérdidas en la industria, los riesgos mineros representan primas atractivas para las aseguradoras. La capacidad global para asegurar un solo riesgo minero se sitúa actualmente en alrededor de 1,500 millones de dólares, incremento que abre la puerta a programas multinacionales de mayor alcance y flexibilidad.
Países como Chile, Perú, México y Brasil, donde convergen importantes yacimientos de cobre, litio, oro y níquel, están captando un renovado interés de reaseguradoras internacionales. Este entorno ha ampliado el apetito de riesgo tanto en mercados locales como globales. Sin embargo, Razuri subraya que los mineros deben respaldar sus solicitudes con información técnica sólida, evaluaciones independientes y programas actualizados de ingeniería de riesgos, especialmente en operaciones complejas como relaves o minería subterránea.
El informe también recuerda que América Latina concentra una gran cantidad de proyectos greenfield destinados a fortalecer la oferta de minerales críticos en las próximas décadas. Esto mantiene a la región como un foco relevante para inversionistas en seguros y reaseguros. No obstante, advierte sobre la naturaleza cíclica del mercado: una pérdida significativa podría revertir el ablandamiento actual y detonar ajustes bruscos en tarifas y condiciones.
Aunque en el último año no se han registrado siniestros catastróficos, los reclamos recurrentes por fenómenos climáticos —como lluvias intensas, sismos y deslizamientos— continúan afectando la rentabilidad de los mercados especializados. Las aseguradoras, además, han endurecido restricciones en coberturas vinculadas con sismicidad inducida por actividades mineras.
El informe concluye que, ante este escenario, incorporar mapas de riesgo climático regional y tendencias recientes de siniestros será clave para evidenciar vulnerabilidades y fortalecer la resiliencia del sector.


