acciones japonesas Japón inflación
Crédito Vu Nguyen vía Unsplash

Y ahora los reflectores son para el Banco de Japón

El dinero barato proveniente de Japón se ha terminado y esto tendrá consecuencias ya que, aquellos que contrajeron obligaciones en yenes, tendrán que cubrir sus obligaciones en algún momento.
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Los bancos centrales son protagonistas en el escenario financiero y es que sus decisiones tienen un impacto considerable en la formación de expectativas de los agentes económicos. Ahora es el Banco Central de Japón el que se ha convertido en el tema de conversación entre los inversionistas debido a un endurecimiento muy marcado de la política monetaria, pero demos contexto.

Desde la década de los 1990, Japón entró a un proceso de crecimiento económico muy bajo, situación que se ha mantenido a pesar de los esfuerzos monetarios y fiscales para dinamizar la economía, incluso se volvió muy común hablar de que Japón enfrentaba una trampa de liquidez en la que se aplicaban medidas de estímulo monetario, pero el crecimiento seguía siendo débil.

Las características de la economía japonesa han provocado que incluso se vean años de deflación (caída generalizada de los precios), como lo fue 2020. Lo anterior ha provocado que las tasas de interés en Japón sean muy bajas, incluso en 2016 el Banco central estableció una tasa de referencia de -0.10% (así es, una tasa de interés negativa), para incentivar al sistema financiero a realizar préstamos.

Si bien, la flexibilización monetaria extrema no incidió en un crecimiento económico acelerado y persistente, si provocó que el sistema financiero se aprovechara de las circunstancias dando paso al carry trade. Esta estrategia implica pedir dinero prestado a una tasa de interés baja para invertir en activos que ofrezcan una tasa de interés más alta; por lo que Japón se convirtió en el lugar ideal para financiarse por parte de los agentes económicos globales.

Con la pandemia vinieron las disrupciones en las cadenas de suministro, lo que provocó que la inflación se acelerara a ritmos que no se veían desde la crisis financiera, esto provocó el aumento de tasas de interés en diversos países, pero Japón mantuvo crecimientos moderados en la inflación; evidentemente esto detonó aun más las operaciones de carry trade lo que provocó un debilitamiento generalizado de la moneda japonesa.

Tan solo de inicios de 2021 a mediados de 2024 el yen japones perdió casi 60% respecto al dólar, 40% respecto al euro, 50% respecto a la libra. La debilidad también se presentó contra monedas emergentes, por ejemplo, contra el peso mexicano, el yen perdió 120% en un periodo de 4 años, contra el real brasileño 70% y contra el peso colombiano 60%.   

Pero las circunstancias han cambiado desde el año pasado, en marzo la tasa de referencia pasó de -010% a 0.10% y desde entonces se ha mantenido el ciclo alcista hasta llegar al nivel actual en 0.50%, además que las expectativas apuntan a que los aumentos continúen. Esto ya se ve reflejado en los instrumentos de mercado con el bono a 20 años que ya presenta una tasa cercana al 3.0%, un máximo que no se veía desde antes de la crisis financiera. Desde que se presentó el primer aumento en la tasa de referencia en Japón, el JPY se llegó a apreciar hasta 13% con respecto al USD y en los últimos meses refleja aumento de volatilidad.

Como se puede observar, el dinero barato proveniente de Japón se ha terminado y esto tendrá consecuencias ya que, aquellos que contrajeron obligaciones en yenes, tendrán que cubrir sus obligaciones en algún momento; en cuanto se tengan que liquidar posiciones para hacer frente a dichas obligaciones, se pudieran observar algunos choques de volatilidad por las distorsiones provocadas; en 2024 se vivió un primer efecto. Lo más importante es que el proceso sea ordenado para que no se generen efectos de segundo orden, para esto, el Banco Central de Japón debe dar claridad respecto a su postura y las decisiones que tomará a futuro.