La apuesta ambiciosa por la inteligencia artificial le pasa factura a corto plazo a la tecnológica, que gastará mucho más de lo previsto para competir en la nube.
Oracle vivió una jornada negra este miércoles 11 de diciembre. Sus acciones cayeron un 10% en el mercado after-hours tras revelar una realidad incómoda para el sector: liderar la carrera de la nube y la IA costará mucho más de lo previsto. La empresa con sede en Austin anunció que sus gastos de capital para el año fiscal 2026 aumentarán en 15,000 millones de dólares adicionales a lo proyectado en septiembre. Esta cifra confirma que la infraestructura necesaria para clientes como OpenAI exige desembolsos colosales que aún no se traducen en los beneficios inmediatos que Wall Street exige.
Las cifras del trimestre tampoco ayudaron a calmar los ánimos. Oracle reportó ingresos de 16,060 millones de dólares en el segundo trimestre, fallando la marca de los 16,210 millones esperados por el consenso. Su guía a futuro fue igualmente tibia: pronostican un beneficio ajustado de entre 1.64 y 1.68 dólares por acción para el próximo periodo, lejos de los 1.72 dólares que proyectaban los analistas. Incluso el crecimiento de ventas, estimado entre un 16% y 18%, se quedó corto frente a las expectativas de casi un 20%.
La reacción de los expertos fue inmediata. Analistas de S&P Global y eMarketer advierten que este “gasto agresivo” genera incertidumbre sobre la deuda y la rentabilidad real de los acuerdos de IA. Aunque la cartera de contratos futuros creció a 523,000 millones, también incumplió estimaciones. El mensaje del mercado es claro: la IA es el futuro, pero el precio a pagar en el presente está siendo más alto de lo que los inversores están dispuestos a digerir sin ver resultados rápidos.


