La reciente acción de las autoridades estadounidenses, que culminó con la incautación de un buque cisterna en proximidad de Venezuela esta semana, emerge como un factor de alta criticidad para el suministro petrolero de Cuba, país que ya lidia con una profunda crisis energética que compromete su operatividad económica y su infraestructura eléctrica.
La isla se encuentra actualmente sumida en un patrón de apagones diarios, con duraciones de varias horas, que no solo han mermado drásticamente la productividad nacional, sino que también han exacerbado la tensión social entre sus ciudadanos.
La matriz energética cubana presenta una dependencia estructural del crudo y productos refinados procedentes de Venezuela, cuyo transporte se realiza mediante una logística de embarcaciones de menor calado y una red paralela de petroleros autorizados, según reportes de analistas y datos del sector marítimo.
Las cifras indican una contracción en el flujo: entre enero y noviembre, Venezuela suministró aproximadamente 27.000 barriles diarios (bpd) de crudo y combustibles, una disminución notoria frente a los 32.000 bpd registrados el año precedente, de acuerdo con información de transporte y documentación interna de la petrolera estatal PDVSA.
La presión ejercida por Estados Unidos, si se mantiene, podría llevar a una virtual paralización de las importaciones petroleras cubanas, las cuales ya se vieron mermadas por la reducción de los volúmenes suministrados por México durante el año, advierte Jorge Piñón, especialista de la Universidad de Texas. Este escenario podría conducir a la isla a una situación de extrema precariedad.
“Ante la disminución del envío de petróleo por parte de México y la ausencia de una materialización sustancial de grandes volúmenes de suministro ruso, las alternativas viables resultan prácticamente inexistentes,” afirmó Piñón. “La coyuntura es adversa, y se anticipa un agravamiento de las condiciones.”
El movimiento estadounidense ha generado una inmediata onda de alerta en el sector marítimo. Múltiples armadores, operadores y agencias navieras están en proceso de reevaluar la viabilidad de futuras operaciones desde aguas venezolanas, según fuentes consultadas por Reuters.
El buque objeto de la incautación, el Skipper, habría participado previamente en la transferencia de una porción de petróleo venezolano en las cercanías de Curazao a otro tanquero con destino final en Cuba, una secuencia verificada por imágenes satelitales analizadas por TankerTrackers.com. Adicionalmente, se ha confirmado que el navío operaba bajo una bandera de Guyana fraudulenta.
Desde el inicio del año, se ha documentado la operativa de grandes superpetroleros de terceros países que cargan crudo y combustible venezolano bajo esquemas de fletamento compartido. Estos buques inician su ruta en puertos venezolanos, efectúan una escala en el Mar Caribe para una transferencia parcial de la carga a una embarcación con rumbo a Cuba, y posteriormente completan su trayectoria hacia China con el volumen restante, según datos y documentos de envío.
A la fecha, los términos específicos de la negociación para estos cargamentos entre los gobiernos de Venezuela y Cuba no han sido clarificados. No se obtuvo respuesta de las administraciones de ambos países ni de PDVSA a las solicitudes de comentarios sobre este asunto.


