Uno de los factores de riesgo contemplados para este 2026 se ha materializado; el fin de semana EU e Israel atacaron directamente a Irán, la respuesta de este último no se hizo esperar y el conflicto escala.
Las reacciones son lógicas y esperadas, el petróleo se ha apreciado hasta 15% desde los mínimos del viernes debido al temor en las cadenas de suministro, tan solo hay que recordar que por el estrecho de Ormuz pasa el 20% del petróleo diario que abastece a todo el mundo; dicho cierre provoca que los buques busquen otras rutas que son más costosas, algo similar sucede con el gas natural que se destina a Europa, el cual se ha apreciado alrededor de 50%. El impacto es innegable, la apreciación de los energéticos se traducirá en inflación, pero la pregunta importante es si será un efecto temporal o estructural; la respuesta para esto es: depende de la duración y magnitud del conflicto.
Un caso de referencia que se puede considerar es la invasión de Rusia a Ucrania a inicios de 2022; en dicho periodo el petróleo se apreció alrededor de 35% en un par de semanas hasta alcanzar máximos alrededor de 120 dólares por barril; los altos precios del petróleo se mantuvieron cerca de cuatro meses para posteriormente comenzar una tendencia de baja. Lo anterior tuvo impacto considerable en la inflación global que, si bien se juntó con las disrupciones en cadenas de suministro después de la pandemia, provocó que el choque inflacionario se extendiera; de hecho, a partir de este punto es donde los bancos centrales prácticamente de todo el mundo endurecieron la política monetaria. Actualmente el temor inflacionario regresa y la probabilidad de recortes en las tasas de referencia disminuyen considerablemente, de hecho, ahora se plantean posibles aumentos para evitar justamente choques inflacionarios.
La reacción de los mercados en estos dos días es totalmente justificada ante las expectativas de disrupciones en las cadenas de suministro y el posible efecto en la inflación, pero analicemos el comportamiento de los mercados en conflictos armados pasados. Prácticamente en todos los conflictos se genera un patrón predecible y sistemático: una caída inicial rápida y que puede ser severa en los activos de riesgo, pero una posterior recuperación en forma de “V”.
Algunos análisis apuntan a caídas en promedio de 1.2% en el primer día de conflicto, el promedio de la caída completa llega a ser del 5.0%, aunque hay que considerar algunas caídas más severas por ejemplo el ataque a Pearl Harbor se registró un drawdown cercano al 20%, en la invasión a Corea de 13%, el ataque a las torres gemelas -12% y con el conflicto entre Rusia y Ucrania -7.0%. Las principales caídas se generan cuando los canales de suministro se pueden ver afectados en su infraestructura y en este caso existe alta probabilidad de que eso ocurra. Otra métrica relevante es que el mercado toca fondo en un promedio de 20 días y posteriormente inicia la recuperación la cual tarda en completarse alrededor del doble de días que duró la caída, los periodos en que tomó mayor tiempo la recuperación fue en el ataque a Pearl Harbor y durante la invasión de Iraq a Kuwait.
Lo anterior se explica porque los inversionistas sobre reaccionan en el corto plazo y liquidan posiciones de riesgo, pero posteriormente viene la “economía de guerra” en donde existen inyecciones de capital gubernamental en presupuestos de defensa, desarrollo tecnológico y mayor capacidad productiva en diversos sectores industriales.
Ahora bien, se debe considerar la selectividad regional, Europa se vería afectada por el aumento de costos y el suministro de energéticos; lo mismo sucedería con China por la relación energética. Estados Unidos tiene ciertas ventajas: 1) posición geográfica, 2) capacidad de auto abasto de energéticos 3) capacidad de destinar presupuesto a la economía de guerra.
Pasando a los activos de mercados emergentes, el impacto es claro, a nivel global se genera un proceso de “safe heaven” en el que los inversionistas retiran recursos de activos de riesgo para buscar refugio; en pocas palabras, las monedas emergentes se deprecian y las bolsas de dichas regiones caen. Un termómetro fiel de lo que sucede con activos emergentes es el peso mexicano. La paridad USD/MXN cerró el viernes pasado alrededor de 17.2 y hoy martes se alcanza un máximo de 17.87, una depreciación de nuestra moneda cercana al 4.0%, algo similar ha ocurrido con otras monedas emergentes.
Basado en el comportamiento de los mercados financieros en episodios pasados de conflictos se puede deducir que en esta ocasión se debería observar algo similar, un proceso de alta volatilidad que se puede extender por un par de semanas; no sorprendería que la caída de las bolsas sea profunda; aunque dicha caída debería ser de corto plazo y que la recuperación sea también rápida.
En este primer movimiento los sectores con mayor afectación serían las aerolíneas, aeropuertos, hospedaje y turismo; por regiones se verían afectados los activos de mercados emergentes y Europa. En pocas palabras, se debe ser selectivo por regiones, y comenzar un proceso de acumulación escalonada en activos de calidad. Para las siguientes semanas se debe ser paciente, selectivo y táctico.


