Las tiendas departamentales enfrentan un aumento en el número de clientes con pagos atrasados, en un mercado donde sus tarjetas funcionan como una de las principales puertas de entrada al crédito para consumidores que no siempre cumplen con los mismos criterios de acceso que exige la banca.
El comportamiento contrasta con el de las tarjetas de crédito bancarias, donde la morosidad se mantiene más controlada. En octubre, el índice de morosidad de la banca se ubicó en 3.32%, por debajo del 3.53% registrado en el mismo mes del año anterior, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).
Francisco Delgado, analista bursátil independiente, explica que una de las diferencias está en el perfil de los usuarios. Las tiendas departamentales suelen manejar requisitos de acceso más flexibles, mientras que los bancos realizan evaluaciones de riesgo más amplias antes de aprobar una tarjeta.
“Esto mismo te lleva a que tanto el perfil de cliente sea distinto y que las tasas de interés también lo sean”, señala Delgado. A su juicio, las departamentales pueden captar clientes con mayor nivel de riesgo, a quienes aplican tasas más elevadas y ofrecen alternativas de refinanciamiento que pueden prolongar los adeudos.
El acceso más sencillo al crédito también implica líneas de financiamiento más pequeñas y mecanismos de evaluación distintos. En contraste, los bancos han fortalecido sus modelos de originación para contener el deterioro de sus carteras y mantener bajo control los niveles de impago.
Liverpool es la única cadena departamental de las consideradas en este análisis que reporta el índice de morosidad de sus tarjetas. A septiembre de 2025, se ubicó en 4.4%, un nivel que, de acuerdo con la referencia de analistas incluida en este análisis, se encuentra por debajo de la franja de 5% considerada como un punto de mayor riesgo.
El contraste entre ambos canales no implica por sí mismo un deterioro generalizado del crédito. Bancos y departamentales han fortalecido sus procesos de evaluación, acceso a información crediticia y estrategias de cobranza, herramientas que adquirieron mayor relevancia después de la pandemia.
Uno de los principales mecanismos para determinar el acceso y las condiciones del financiamiento es la consulta del historial en el Buró de Crédito. Esta información permite establecer límites, evaluar el nivel de riesgo y detectar posibles señales de sobreendeudamiento antes de otorgar una nueva línea.
Clientes con distintos hábitos de crédito
Las diferencias también están en la forma en que los consumidores utilizan cada tipo de tarjeta. Mientras los bancos ofrecen financiamiento para una amplia variedad de productos, desde créditos de nómina y consumo hasta préstamos automotrices, hipotecarios y empresariales, las departamentales concentran buena parte de su actividad en el financiamiento de compras dentro de sus establecimientos.
Algunos bancos aprovechan la relación que mantienen con sus clientes a través de las cuentas de nómina. Con autorización del usuario, pueden domiciliar los pagos de la tarjeta de crédito a los depósitos que recibe por parte de su empleador.
“Vine al banco a actualizar mi tarjeta de débito y en la caja de la sucursal me comentaron que tenía pre aprobada una tarjeta de crédito. La acepté porque no tiene pago de anualidad porque aquí me depositan el salario”, relata Anai López.
Este tipo de vínculo puede facilitar la cobranza y reducir el riesgo de que un cliente deje de cubrir sus obligaciones, explica Verónica Zepeda, profesora de la Escuela Bancaria Comercial (EBC).
La asociación entre una cuenta de nómina y una tarjeta de crédito permite que, con autorización del usuario, el banco disponga de recursos depositados para cubrir un saldo pendiente cuando existe un retraso en el pago, señala la académica.
Las departamentales, por su parte, también utilizan productos de entrada para conocer el comportamiento de sus clientes antes de ampliarles el financiamiento. Suburbia, por ejemplo, ofrece una tarjeta de “abonos pequeños” que requiere un pago inicial equivalente a 10% de la compra y maneja un interés menor a 4%, de acuerdo con la información proporcionada.
El crédito también forma parte de la estrategia comercial de las cadenas. En el tercer trimestre, Suburbia reportó un crecimiento de 4% en sus ventas mismas tiendas y 35.3% de sus compras se realizaron con su tarjeta. En Liverpool, 50.7% de las compras en tienda se efectuaron con sus plásticos.
Meses sin intereses y prioridades de pago
El uso que los consumidores dan a las tarjetas departamentales puede influir en la forma en que administran sus deudas. Delgado señala que estas cadenas suelen ofrecer esquemas de meses para adquirir productos de consumo de distintos precios, lo que puede acumular compromisos mensuales entre los usuarios.
En las tarjetas bancarias, en cambio, algunos consumidores concentran el financiamiento en bienes de mayor valor y administran de manera distinta sus pagos, aunque el comportamiento depende del perfil de cada tarjetahabiente.
La diferencia también aparece cuando el ingreso disponible se reduce. De acuerdo con Zepeda, los consumidores pueden dar prioridad al pago de servicios básicos y personales antes que a las tarjetas departamentales.
“Al liquidar el saldo para no generar intereses o el pago mínimo, las personas pueden pagar servicios básicos o servicios personales”, explica la académica, por lo que cubrir estos gastos puede desplazar el pago de otros compromisos.
Así, la evolución de la morosidad responde tanto al perfil de los clientes como a las condiciones de acceso, los productos ofrecidos y los hábitos de consumo. Mientras las departamentales atienden a una base más amplia de consumidores mediante esquemas de financiamiento vinculados con sus compras, la banca utiliza modelos de evaluación y relaciones financieras que le permiten administrar de otra manera el riesgo de impago.


