Grupo Carso comienza a darle mayor escala a su negocio petrolero. La reactivación de operaciones en Ichalkil y Pokoch impulsó los resultados de Zamajal durante el tercer trimestre de 2026 y abrió la puerta a una nueva etapa de inversiones para aumentar la extracción de crudo.
La compañía evalúa incorporar una o dos plataformas marinas adicionales para ampliar la capacidad de estos campos, que actualmente operan con seis pozos activos y podrían llegar a nueve durante 2027. Con nueva infraestructura, el grupo busca extender la operación hasta alrededor de 15 pozos.
“Esto conlleva un programa de capex agresivo que viene relacionado también con producción”, dijo Alejandro Aboumrad, directivo de Grupo Carso, durante una conferencia con analistas e inversionistas.
El avance de Zamajal se refleja ya en sus resultados. Entre julio y septiembre, la subsidiaria reportó un flujo operativo de 1,033 millones de pesos, frente a los 59 millones registrados en el mismo periodo del año anterior. El incremento fue de 1,651%.
Las ventas de la división también crecieron más de 400% anual, como resultado de la recuperación de la producción en Ichalkil y Pokoch, dos activos marinos en los que Carso tiene actualmente una participación de 50%.
La estrategia consiste en aprovechar la infraestructura que ya está en operación y sumar capacidad para extraer petróleo. Actualmente, seis pozos producen entre 15,000 y 15,500 barriles diarios. En la zona trabajan dos equipos de perforación tipo jack-up, que permitirán operar hasta nueve pozos.
Carso prevé reincorporar un pozo adicional hacia el cierre de 2026 y alcanzar los nueve entre el segundo y tercer trimestre de 2027. Cada pozo nuevo puede aportar entre 4,000 y 6,000 barriles diarios, de acuerdo con Aboumrad.
La incorporación de plataformas adicionales permitiría rebasar ese nivel y llevar la capacidad de operación a aproximadamente 15 pozos. El monto de inversión para esta etapa no fue detallado por la compañía.
La compra de Fieldwood sigue pendiente
El crecimiento de Ichalkil y Pokoch también está relacionado con la intención de Carso de adquirir la participación restante de los campos. La compañía está en proceso de comprar el 50% que pertenece a Fieldwood Energy, subsidiaria de la petrolera rusa Lukoil International.
La operación requiere autorización de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (OFAC), debido a las sanciones que pesan sobre Lukoil.
Las restricciones habían limitado la actividad en los campos durante trimestres anteriores. La emisión de una licencia por parte de OFAC permitió reanudar trabajos para incrementar la producción y activar seis pozos.
La adquisición de la participación de Fieldwood daría a Carso un mayor control sobre los activos, aunque su cierre depende de la autorización estadounidense. Mientras tanto, la empresa continúa con la recuperación de la producción y la preparación de nuevas inversiones.
Zama y Macavil apuntan a una mayor producción
La expansión de Zamajal no depende únicamente de los campos que ya producen. Grupo Carso también trabaja en proyectos que podrían ampliar su capacidad petrolera en los siguientes años.
Uno de ellos es Zama, donde la empresa prevé alcanzar una producción de 60,000 barriles diarios entre 2028 y 2029. El desarrollo requiere inversiones de capital antes de que el campo pueda aportar volúmenes comerciales.
La cartera de proyectos también incluye la adquisición de una participación de 30% de TotalEnergies en el Bloque 30 y el desarrollo del campo terrestre Macavil.
En Ixachi, donde Carso presta servicios a Petróleos Mexicanos (Pemex), la empresa comenzará a cobrar en enero de 2027 las 21 mensualidades correspondientes a cada pozo entregado.
Estos negocios tienen perfiles distintos. La rentabilidad de los campos propios, como Ichalkil y Pokoch, depende de las variaciones del precio internacional del petróleo. En cambio, el esquema de servicios que Carso mantiene con Pemex en Ixachi no está directamente ligado a la cotización del crudo.
La estrategia petrolera del conglomerado combina así la recuperación de producción en activos existentes con inversiones en proyectos que todavía están en desarrollo. El reto será convertir los planes de expansión en más barriles y sostener la rentabilidad de una operación que depende tanto de la ejecución como del mercado internacional de petróleo.


