Por Mónica Yasutomi, Vicepresidenta Senior de Operaciones y Gerente de Operaciones para América Latina de FM en México
México atraviesa un momento excepcional. La cercanía con Estados Unidos, décadas de experiencia manufacturera y la relocalización de cadenas de suministro han colocado al país en una posición privilegiada para atraer inversión. Pero el más reciente Índice de Resiliencia de FM, líder en protección de propiedades comerciales e industriales, también muestra áreas en las que el entorno empresarial mexicano debe reforzar su preparación para competir en un contexto global cada vez más exigente.
Cada año, FM clasifica a 130 países según la resiliencia de sus entornos empresariales. El último Índice de Resiliencia de FM ubica a México en el puesto 80, registrando un descenso de cuatro posiciones respecto al año anterior y de seis lugares frente a 2022. Esta tendencia refleja un entorno donde economías de Europa y Asia están fortaleciendo condiciones clave para la continuidad operativa, como infraestructura confiable, eficiencia logística, resiliencia energética y capacidad de recuperación ante disrupciones.
¿Por qué ocurre esto? El Índice de Resiliencia de FM evalúa 18 factores relacionados con riesgos macroeconómicos y físicos. En 2026, México registró retrocesos en variables como calidad del riesgo de incendio, calidad del riesgo climático y uso de internet. Además, en un momento marcado por la reconfiguración de las cadenas de suministro, su desempeño logístico ha caído 16 posiciones en los últimos cinco años, un factor especialmente relevante para decisiones de localización industrial.
Para las empresas, estos factores no son abstractos, influyen directamente en decisiones estratégicas: dónde instalar una nueva planta, cuánto inventario mantener, cómo diversificar proveedores o qué tan rápido podrán recuperar operaciones tras un evento adverso. La resiliencia determina no solo la capacidad de atraer inversión, sino de sostenerla en el tiempo.
México mantiene fortalezas estructurales claras: integración comercial, talento especializado y clústeres industriales consolidades. Sin embargo, el reto está en la consistencia operativa. Demoras logísticas, incertidumbre en procesos o brechas en infraestructura pueden incrementar costos, afectar la continuidad operativa y reducir la certidumbre que los inversionistas buscan.
El ranking también refleja las fortalezas de México, destacando su notable intensidad energética y una urbanización comparativamente altas. Incluso en categorías donde bajó el año pasado, como la calidad del riesgo climático, mantiene una sólida puntuación en comparación con sus vecinos regionales, ocupando el puesto 50 a nivel mundial.
El riesgo no es nuevo. México convive con amenazas sísmicas y climáticas desde hace décadas. La diferencia la marca el ecosistema de gestión. Las empresas y economías más resilientes no son aquellas con menos riesgos, sino las que han desarrollado sistemas robustos de prevención, continuidad y recuperación.
En el contexto actual de competencia global por inversión, la resiliencia se ha convertido en un factor decisivo. Países que ofrecen mayor previsibilidad operativa permiten que las empresas crezcan con mayor confianza, asignen capital con menor incertidumbre y mantengan operaciones más estables.
México tiene las bases para fortalecer su posición. Pero el desafío no es únicamente atraer nuevas inversiones, sino asegurar que puedan operar de manera consistente, expandirse y permanecer en el país. La resiliencia operativa ya no es un atributo técnico; es un elemento central de competitividad.
La ventana de oportunidad es real pero no permanecerá abierta. La diferencia estará en convertir ventajas estructurales en certidumbre cotidiana. En el entorno actual, la resiliencia no solo protege a las empresas frente al riesgo, define dónde el capital decide quedarse.


